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Primero fue Túnez; luego vinieron Argelia, Egipto, Jordania, Yemen y otra vez Túnez que, en realidad, suma y sigue: como ocurrirá en los demás países y, faltaría más, en los nuevos que se vayan añadiendo a la causa, pues esto no ha hecho más que empezar. En fin, la calle árabe de nuevo está que arde, mas esta vez el incendio carece del aire festivo que tuvo cuando fueron derribadas las Torres Gemelas, o de la rabia divina que desató en la conciencia musulmana, sea la publicación de las caricaturas del Profeta en el diario danés Jyllands-Posten, sea el puntual dardo malévolo que suele lanzarle periódicamente el jefe de la competencia católica; ni proviene de cualquier otro hecho puntual suscitado por el maligno occidental, que nunca descansa. Pero tampoco, y esto sí que es grave, de la -descontada- madre de todas las protestas, el único foco de gangrena permanente, un verdadero descuido de Alá, quien debió de andar distraído ese día porque si no, por muy británicos que sean los británicos, no se la habrían colado. O sea: del conflicto palestino-israelí.
Imagino al multiculturalista de turno -un nombre adecuado para calificar en Occidente a un miembro reflejo de las élites árabes- yendo algo perplejo tras las causas del incendio. ¿Y con qué se topa? Pues,
simplemente, con un sujeto inesperado: una multitud que crece y se renueva a sí misma conforme va cambiando su grito, que pasa de ser una dolorida consigna contra el hambre, la pobreza, el desempleo y la corrupción, a convertirse en un enardecido programa de reivindicación política en el que la marea crece desde la petición de dimisión de ciertas autoridades a la exigencia de un cambio de régimen. Multitud sin duda enloquecida, pensará nuestro tolerante multiculturalista, porque, a ver, ¿qué hace una mayoría de árabes islámicos reclamando reformas políticas que, de ponerse en práctica, llevarían incluso a confundirles con los sistemas políticos del enemigo? Y, por si fuera poco, todo eso como si nada. Total, llega uno, se quema a lo bonzo, ¡que mira que es poco musulmán eso!, además, y la chispa que ahí salta quema el palacio. ¡Ni que fuera ésta la primera vez en su historia que pasan hambre o están sometidos, ni que no fuera ésa su forma de ser! ¡Tate, aquí hay gato encerrado!, se dirá para sus adentros, mientras rumia ya cómo desmontar el complot.
Un ejercicio de vanidad
Y es que, en efecto, una parte de lo que ha ocurrido, y otra cada vez mayor de lo que está ocurriendo, no estaba escrito en el guión de la historia local… como tampoco en las suras coránicas. Pase que una sociedad partida en dos por varios costados vea rebelarse a la parte
mayoritaria demandando una cura para sus urgencias: mejores salarios contra el hambre, empleos que ilusionen con un horizonte a su futuro, incluso algo más de justicia que diluya un tanto la ignominia en las desigualdades creadas por los privilegios, etc.; pase asimismo que esa rebelión tome cuerpo tras un hecho tan irrespetuoso como es que a alguien le dé por inmolarse, en sí un ejercicio de vanidad que no tiene en cuenta la tradición religiosa de llevarse por medio a algún enemigo del Islam, pero que en esta ocasión ha llevado, en su soberbia, hasta a organizar, aunque sea algo informalmente, la rabia y sacarla a pasear en público, en contra de la tan probada tradición política; pase, faltaría más, que sobre los rebeldes las fuerzas del orden ejerzan su violencia habitual, pues por qué dejarles hacer lo que quieren, tan en contra de lo que deben.
Ahora bien, lo que no puede pasar es que una vez empiezan a disiparse las brumas de los primeros enfrentamientos entre ambos bandos -esto es, la estela de muerte, de sangre, de dolor, de miedo y de rabia renovada que el choque de la violencia contra los rebeldes produjo en sus filas, incitándoles a la respuesta-, el mayoritario, el de los enragés, comience asimismo a vislumbrar los rasgos del que, con mayor o menor razón, considera por ahora responsable último de la situación actual, que le ponga el nombre y el rostro de su presidente, y el de sus allegados, y a la petición de pan sume la exigencia de libertad.
O sea: lo que no debe pasar, según las cuentas de todos aquéllos que retienen la reclamación de libertad una muestra más del imperialista ideario occidental, es que una multitud que salta a la calle con una determinada idea en la cabeza, por no decir en el estómago, mute mientras la recorre y llegue a la plaza convertida en dueña del palacio: en un nuevo sujeto político que, primero, reclama diversas libertades, para acto seguido atribuirse la soberanía y ejercerla de inmediato, forzando la deposición de los miembros afines al anterior autócrata presentes en el Gobierno recién formado tras su huída. Pues sí, lo que les quedaba por ver: ¡una antigua masa árabe informe que ha embocado por el momento su transformación en pueblo soberano a la occidental!
Tal es a grandes trazos el cuadro de lo sucedido en Túnez, y que sirve de patrón a cuanto ha venido después. Pero ya se sabe que a los imitadores no les gusta la virginidad de la historia: como, recibido el empujón -éxito oblige-, suelen tener prisa por abandonar el Ancien Règime, mejor optan por quemar etapas antes que por seguir la pauta del modelo original en toda su pureza, y en lugar de imitar los pasos uno a uno les va más lo de empezar donde terminaron los pioneros: reclamando el cambio del gobernante a la par que el del régimen, y si se acuerdan hasta reclaman también pan y trabajo. Se trata pues de un acto que, como se ve, implica un juicio completo, condena incluida, al sistema anterior. Por eso, al dictadorsaurio yemení, que pensaba que por haber refundado el país éste sería suyo para siempre, ya no le bastará para retener lo suyo con regalar los alimentos o introducir la meritocracia en el país; y por eso, a Mubarak parece habérsele truncado su deseo de instaurar en Egipto la dinastía -una de las señales de la introducción de la tiranía en la ciudad, como nos enseñara Heródoto- antes de que le suceda su primer heredero.
Y Occidente, a todo esto, ¿cómo reacciona? Se le ve preocupado, sin duda ¿Y qué le preocupa a la princesita? Desde luego, todo no, porque estaría ya muerta de preocupación si le preocupara tanto.
Le preocupa logicamente la inestabilidad que está invadiendo la zona, porque con los líos que se están montando, quién le garantiza ahora el suministro de petróleo, de gas, la seguridad frente al terrorismo, donde, por ejemplo, Al Qaeda tiene uno de sus centros sagrados. A Occidente le preocupa haberse quedado y estar a punto de quedarse sin algunos amigos en la zona -el hombre, quieras que no, su corazoncito también lo tiene- y por ello amonesta contra el uso de la violencia (y hace bien en esto, porque su uso es su abuso, y el imperio su meta soñada), porque ésta “no permite la comunicación entre gobernantes y gobernados”, se dice en Washington, o por su capacidad de producir “víctimas inocentes”, al decir de Angela Merkel.
No decían lo mismo hace poco más de un mes y medio, cuando el orden no dejaba presagiar la anarquía actual, es decir, cuando ese orden, en el que el tirano y los súbditos no se comunicaban, era el de la violencia, y víctimas inocentes del mismo eran la inmensa mayoría de las personas en cada uno de los países donde hoy la calle quema. A la princesita nunca pareció importarle la falta de libertad, la falta de seguridad, la falta de futuro o la sobra de hambre de los que hoy pueblan las plazas árabes, y no piensan volver a casa sin haber dejado una huella permanente de su presencia en ella. Egoísta como es, vieja como está, tiene cansados los sueños y debilitados los principios, al encerrarlos como están en la caja fuerte normativa de la nación, por lo que la política parece haber huido de estas democracias de jubilados en las que vivimos, a las que el uso ha gastado en lugar de renovado.
Si los derechos humanos tuvieran mínimamente que ver en la práctica con lo que son en la teoría, quizá habríamos descubierto que los europeos seguiríamos recibiendo gas si los magrebíes gozaran de más bienestar y que nuestra libertad y nuestra vida estarían más seguras si otros pueblos hubieran hecho saltar por los aires la sumisión.
Y es que, no se olvide, las exigencias de las plazas árabes lo son de libertad.
Mubarak reina sobre el Ejército
Ciertamente, en el estado de cosas actual, en absoluto cabe descartar que el antiguo régimen reaccione con éxito en busca de su termidor, sobre todo en Egipto, donde Mubarak sí reina sobre el Ejército.
Pero es mucho más fácil pensar que la mecha prendida inicialmente en Irán contra el robo en las urnas del triunfo de la oposición por parte del Gobierno actual siga generando más incendios. Como también lo es que cuando lo que prende la mecha es la libertad, todo lo que la refrena, antes o después, correrá peligro si no rejuvenece. Y entre ese todo figura, y de manera solemne, el propio Islam. Ya en Egipto, los organizadores de las manifestaciones aceptaron la posterior incorporación de los Hermanos Musulmanes a condición de que renunciaran a su lema sacrosanto de que El Islam es la solución. Y en Túnez, aunque aquí la historia cuenta, las fuerzas laicas primaron desde el principio.
Pero por otro lado, si algo han aprendido de inmediato los manifestantes es que la libertad de manifestación y expresión que ahora exigen está siendo un hecho con su protesta aun antes de que el cambio acabe por transformarla en derecho; que son ellos los que la están conquistando mientras la ejercen; y que el éxito del ejercicio exige la garantía de que podrá repetirse en el futuro cuando se juzgue oportuno. Con la misma celeridad han aprendido que en el nuevo régimen ellos deben ser el soberano. Y que ambas cosas van o pueden ir juntas…
A partir de ahí el camino es tan fácil de imaginar como difícil de recorrer, máxime cuando para la tradición cultural imperante representa una novedad casi absoluta. Pero las novedades no asustan a quienes exigen libertad mientras la ejercen, que pronto podrán aprender con Tocqueville que el precio de los males de la libertad es más libertad. Lo que es cierto es que si las revoluciones siguen prosperando todo será cuestionado, incluido el papel a jugar por la propia religión musulmana en el futuro. De ser así, estamos en los comienzos de un proceso extraordinariamente complejo y duradero del que en absoluto puede verse ni preverse el final; pero en la calle árabe hemos podido sentir ese calor que esparce “lalta crémor / del foc de llibertat” (el mismo que un día ya muy lejano nos cantara Raimon a los españoles dejándonos para siempre la música de las palabras de Salvador Espríu en los labios del alma), y también por eso desde hoy ya sabemos que entre las posibilidades aquí abiertas por los pueblos árabes a ellos mismos se incluye la de que el mismísimo Islam empiece a experimentar en sus carnes su renacimiento y su ilustración, algo imprescindible si quiere convivir con la democracia en Occidente, entre otras razones.
Mientras tanto, hasta el propio Alá -mera cuestión de prudencia-, mejor que vaya poniendo las barbas del profeta a remojar.
Sergio, Pedro, Lilian e demais Haverim!!! Adorei conhece-los e muito me encantou participar da construção de um espaço judaico sem o viés ortodoxo.
O encontro de ontem demonstrou uma sede de uma nova liderança, que mesmo sem identidade, já sinaliza uma silhueta mais inclusiva aos diferentes. Este ponto ficou muito claro para mim e pareceu imantar a todos.
Enfatizamos O encontro que acontecerá no dia 18 de fevereiro como mais uma das atividades que esta proposta; Judaismo Humanista oferece. Num cenário de Kabalat Shabat, a festa mais importante do Judaismo, queremos oferecer condições, principalmente aos nossos jovens de encontrar junto as suas raizes espaço para as suas proprias indagações num contexto atualizado.
Estamos alencando propostas que visem atrair judeus, principalmente aqueles dispostos a reciclar/ventilar o olhar as tão densas escrituras e para isso estamos convidando a todos a cooperarem com suas ideias e queres. Shavua tov!
Alguns links que mostram as mudanças que as mulheres estão trazendo ao judaísmo, todos em inglês (sorry!!!).
Se alguém souber de outros é só postar.
Publicação independente judaica feminista, com o nome provocativo de Lilith produz artigos sobre a mulher e sua relação com o judaísmo.
Organização judaica feminista ortodoxa procura investigar a halacha e como esta permite uma atuação mais ampla da mulher na vida judaica.
Arquivo que busca reunir a história das mulheres no judaísmo
Uma sefer Torah escrita totalmente por mulheres

Creio que não haja ninguém entre nós que enxergue algum desses assassinos como um Sansão contemporâneo. Por quê? Porque o verdadeiro Sansão lutou frente a frente contra um grupo bem armado e que era maioria. Mais ainda: porque o terrorismo não é uma forma legítima de travar a guerra. E nossa atitude em relação aos árabes? Quase todos nós sabemos distinguir entre os terroristas árabes e o povo árabe. Mas não esperem que os árabes sejam capazes de distinguir entre nossos assassinos e o povo judeu por muito mais tempo. Nesse contexto, como chegar a um entendimento com os árabes? É verdade que há aqueles entre nós que consideram tal entendimento desnecessário e até prejudicial. Mas só os políticos que mais se iludem podem imaginar que nossa comunidade existirá para sempre sem o entendimento e a cooperação com os árabes.
Neste momento crítico, quem encoraja as erupções de violência cega ameaça a própria existência da comunidade judaica. Tudo o que foi construído com tanto trabalho e tanto sacrifício, pedra a pedra, pode ser destruído no caos para onde esses pretensos sansões nos arrastam. Cada golpe que eles acreditam desferir no inimigo fere, na verdade, a nós. Eles são suicidas, mas não como Sansão, que matou 3.000 filisteus na hora de morrer. São suicidas porque arrasam tudo o que foi cultivado por várias gerações de pioneiros dedicados e abnegados. Não temos o direito de fazer isso. "Não matarás", está escrito. Quem mata como eles acaba matando seu próprio povo. Eis a maior e mais fraudulenta decepção de todas: a de que é possível alcançar a redenção através do pecado. Se o povo justifica o assassinato e se identifica com quem o comete, então aceita esse pecado como seu - e deixa aos seus filhos não uma terra livre e pura, e sim uma toca de ladrões.
| "Não podemos destruir, com as próprias mãos, a fundação moral de nossa vida e de nosso futuro." | |
Paz genuína - A luta em nossa terra está transbordando numa violência bárbara que se espalha com a velocidade da luz e não poupa nem os velhos, mulheres e crianças. Há pouco tempo, a cidade de Tel-Aviv era capaz de garantir que qualquer árabe pacífico e amante da paz não tinha nada a temer quando caminhasse por suas ruas. Hoje, qualquer judeu que ousa andar por um bairro árabe se arrisca a morrer - assim como qualquer árabe que entra numa área judaica. Judeus ainda são salvos por árabes, e árabes ainda são salvos por judeus, às vezes ao custo de enorme risco. Mas o número de assassinatos de pessoas inocentes está disparando - e são assassinatos cometidos à luz do dia, diante dos olhos do público e até da polícia. Não podemos destruir, com nossas próprias mãos, a fundação moral de nossa vida e de nosso futuro.
A pressa febril com que tentamos obter a declaração de independência de um estado judeu, como se fosse o último momento da história em que seria possível colocar o programa sionista em prática, foi o que nos empurrou para a crise que vivemos hoje. Os antigos hebreus não tiveram sucesso na tentativa de formar uma nação normal. Hoje, os judeus estão avançando nesse caminho num ritmo assustador. Pertenço a um grupo que, desde os tempos em que a Grã-Bretanha dominou a Palestina, não desistiu de lutar pela conquista da paz genuína entre judeus e árabes. Com "paz genuína" queremos dizer que ambos os povos devem desenvolver a terra juntos, sem que um imponha sua vontade no outro. Isso parece ser muito difícil, mas não impossível. Nesse caso incomum (e até mesmo inédito), é questão de se buscar um novo caminho de compreensão e entendimento cordial entre as nações.
Consideramos um ponto fundamental o seguinte fato: há duas reivindicações contrárias uma à outra, duas reivindicações de naturezas e origens distintas, que não podem ser colocadas uma contra a outra. É impossível tomar uma decisão objetiva entre qual delas é justa ou injusta. Consideramos nossa missão entender e honrar a reivindicação contrária à nossa. Ambicionamos reconciliar as duas reivindicações. Não podemos renunciar à reivindicação judaica; a ligação com essa terra é algo superior até à vida do nosso povo - esse trabalho é a sua missão divina. Mas estamos convencidos de que deve ser possível encontrar alguma forma de acordo entre uma reivindicação e a outra. Amamos essa terra e acreditamos em seu futuro. Vendo quanto amor e quanta fé há também no outro lado, achamos que uma união no serviço comum da terra está no alcance do possível. Onde há amor e fé, uma solução sempre pode ser encontrada - mesmo quando isso parece ser uma trágica contradição.
• Martin Buber, de 70 anos, é filósofo, teólogo, professor e educador. Nascido em Viena, é um dos grandes pensadores do sionismo, movimento a que está ligado há meio século. Ex-editor do semanárioDie Welt, principal órgão de imprensa dos sionistas, e da revista Der Jude, publicação mensal dedicada à comunidade judaica alemã, foi professor da Universidade de Frankfurt am Main. Renunciou logo depois da ascensão de Adolf Hitler ao poder, em 1933. Proibido de dar palestras, ainda fundou um centro de ensino judaico em plena Alemanha nazista. Abandonou o país um ano antes do começo da II Guerra, em 1938. Desde então, mora em Jerusalém, onde é um dos expoentes do movimento pelo binacionalismo, a defesa de um país habitado tanto por judeus como por árabes. Em 1946, publicou o livro Caminhos da Utopia, em que detalha sua visão de uma Terra Santa compartilhada pelos dois povos dentro das mesmas fronteiras.
En primer lugar, quiero aclarar por qué razón es que están engorrosamente equivocados quienes le atribuyen el “fin de la historia” al movimiento kvutzianista. Quienes sostienen esto, pues, deben despertarse de su eterno descanso de una buena vez por todas. Es que, sin lugar a dudas, aparecen opacados por un fantasma que los ha dejado sin reloj y sin tierra; que los ha extrapolado a los albores del pasado y que los ha desembocado en un sueño imposible de traducir en símbolos reales y en códigos intercambiables en el siglo XXI. No queda otra que ayudarlos.
El kibutz fue el resultado de un campo de ideas y de valores muy anteriores a las formas en que se convirtieron en realidad y que, juntas, hicieron de la segunda alia un paso fundamental para lograr escalar hacia la cima. Una alia masiva que se convirtió en necesaria a la vez que en el medio para generar, por fin, el Estado modelo que habían dibujado en sus cabezas aquellos visionarios y rebeldes adolescentes. Pero no sólo eso. Mucho más allá de todo, estos jalutzim llegaron a Israel para levantar la bandera del sionismo por encima de los pantanos a los que tendrían que enfrentarse a palazos si es que querían construirle un hogar a su exiliado y perseguido pueblo.
Ahora bien, ¿cuál era la ideología del kibutz? O si no, ¿quién conoce acaso un manifiesto ideológico que prevea la creación de kibutzim?
Es que, en realidad, nunca el kibutz fue el “para qué”, sino el “cómo”. Fue, desde sus comienzos, el plan estratégico para transformar las inquietudes del momento en acciones: crear el Estado de todos los judíos del mundo y hacerlo mucho más justo y mucho más igualitario que los lugares de donde ellos venían.
No obstante, esto no quiere decir que el kibutz haya perdido la vida. Puede ser que muchos de ellos hayan tenido que desintegrarse una vez que no pudieron adaptar sus estructuras –junto a sus ideologías- a los tiempos en donde el capitalismo rozaba el piso. También es cierto que muchos modificaron sus propias formas de vivir y de planificar sus comunidades, privatizándolas, con o sin matices, y haciendo “del socialismo para adentro y del capitalismo para afuera”, su insignia. Pero decirle a las miles de personas que siguen viviendo en los aproximadamente 270 kibutzim, de que el lugar en donde viven no es más que un pasado sin sentido, pues, más que ilógico, sería patético.
Pero qué sucede con los kibutzim no define el kvutzianismo, así como jamás en su historia lo hizo. El kibutz fue el resultado de la conjunción entre las necesidades del momento, los valores, los ideales y los sueños de sus arquitectos. El sionismo socialista encontró en este “envase”, como dije antes, el espacio perfecto para mantener su “perfume” vivo, próspero y útil.
Dicho esto, no es el kibutz el relevante ni el único al que debemos concederle el monopolio de los valores e ideales del movimiento laborista: el kvutzianismo es el aroma que sigue candente en el aire, y no el kibutz. El campo conceptual y moral que encuentra en la torá al ser humano como el centro de este planeta; al sionismo como la ideología que lucha por el derecho de la nación judía a vivir junta y a poseer un país propio y próspero, así como a cultivar y a desarrollar su cultura de forma ilimitada; a la justicia social y al tikun olam como las mejores formas de inhalar y de exhalar compromiso con el planeta en donde vivimos en general, y con la sociedad que nos rodea en particular; a los derechos y libertades individuales por encima de cualquier otra cosa en este mundo; a la democracia como un valor y como una forma de vida, además del sistema que debe imperar en nuestra cultura y en nuestra política; a la relevancia que asume la kvutza –el grupo- como forma de desarrollo y de crecimiento individual; y a la paz y a la tolerancia como las únicas formas de lograr que perdure en la práctica el sueño milenario de un Israel judío y democrático, es, sin dudas, la base que sostiene todo lo demás.
Gracias a la coherencia de sus líderes, el kvutzianismo ha sabido adaptarse a las nuevas realidades con las cuales ha tenido que enfrentarse; ha sabido balancearse perfectamente entre los hechos y las utopías. Así como el kvutzianismo de los primeros olim encontró su explicación en el kibutz, hoy la encuentra en las comunas y en los kibutzim ironim, tanto como en un apartamento común y corriente en Tel Aviv, en una kehilat noar en Beer Sheva o en los mismísimos kibutzim.
Que no es el kibutz la bandera de todo lo que aspira este movimiento ideológico, sino la esencia que inspiró a sus constructores es, indudablemente, una gran verdad. También lo es que el kibutz fue, y es, un orgullo israelí tanto como un modelo histórico de “socialismo real” a nivel mundial. El jalutz paradigmático de pala en la mano, tierra en la cara y jultza en el pecho, no es más que una foto inolvidable en cada uno de nuestros corazones a la hora de educar y de vivir por y para estas ideas. Pero adjudicarle una mitología inexistente, y por ende, razonar que para revivir el kvutzianismo en el siglo XXI hay que viajar hasta el cementerio, es un retrogradismo ciego que sigue abogando, ilusoria y nostálgicamente, por un retorno a un pasado que fue “mejor y mucho más ideológico”. El becerro de oro debe ser cambiado por comprensión de cambio y, sobre todo, por aceptación de las circunstancias que nos acechan. Si no, pues, el ancla nos trancará en el ayer por y para siempre, y viviremos rodeados de fantasmas.
Hoy en día, deben actualizarse los medios para impactar el kvutzianismo en la sociedad si es que se pretende vigencia al mismo tiempo que coherencia. Educando y contribuyendo en nuestro planeta es que podemos lograr el cambio que abogamos: haciendo de la esencia que nos conforma y del contenido sobre el que vivimos, una ideología que se corresponda con el mundo a la vez que con sus ideólogos; y con su pasado -y sin sacar los pies del piso-, a la vez que con su futuro.
O Rabi Mosché Leib disse - Não há no homem qualidade ou força sem propósito. E até as vis e baixas qualidades podem ser elevadas para servir a Deus. Assim, por exemplo, quando a altiva autoconfiança é elevada transforma-se na alta confiança nos caminhos de Deus. Mas por que fim terá sido criada a negação de Deus? Também ela pode lograr sua elevação no ato de caridade. Pois, quando alguém te procura e roga teu auxílio, não deves pois despedi-lo com frases piedosas dizendo: "Tem fé e entrega aDeus tuas dificuldades". Ao contrário, deves agir como se não existisse Deus, como se no mundo houvesse uma unica pessoa capaz de ajudar este homem: Tu mesmo.
"Histórias do Rabi", coletânea de Martin Buber publicada pela Ed. Perspectiva
Amigos
Venham ler o post mais recente no meu blog: www.sergiostorch.com:
A Quinta disciplina, o samba e o recall dos parlamentares
Assunto judaico? De leve, eu falo lá do rabino Abraham Heschel.
E vejam lá o link para a campanha do recall dos parlamentares.Apóiem e divulguem!
Atenção todos os membros do JUDAISMO HUMANISTA que moram em Curitiba e outras localidades do Paraná.
Favor entrar em contato com o Marcelo Barzilai para definirmos a data e local da REUNIÃO.
É extremamente importante estarmos organizados para fazer valer a voz do Judaismo Humanista do Paraná, definindo estratégias e ações, principalmente no que diz respeito à ISRAEL.
A luta de Jacó e o Anjo. Obra do francês Alexander Louis Leloir, 1865
"Discurso não é, portanto, desenvolvimento de uma lógica interna pré-fabricada, mas constituição de verdade numa luta entre pensadores, com todas a vicissitudes da liberdade.[...] Só o absolutamente estranho nos pode instruir."
Levinas in "Totalidade e Infinito: Ensaio sobre a Exterioridade"
Testigo imprescindible del siglo XX, el escritor y cineasta Claude Lanzmann publica ahora en España sus memorias, "La liebre de la Patagonia", una obra "llena de vida" en la que, en tono novelesco, recrea su increíble existencia y su relación con intelectuales como Sartre y Simone Beauvoir.
"Con Sartre y Beauvoir aprendí el mundo. Ellos me enseñaron a pensar", decía hoy Lanzmann al presentar el libro que ha editado Seix Barral y que viene precedido de la excelente acogida que ha tenido en Francia, donde ha figurado durante meses como el más vendido, y en Alemania, donde ha ganado el WeltLiteraturpreis.
Conocido internacionalmente por su documental "Shoah", un estremecedor testimonio de nueve horas sobre el Holocausto, fruto de doce años de trabajo, Lanzmann, que tiene una cierta fama de gruñón, respondió con amabilidad las preguntas que se le hicieron sobre su intensa vida, que comenzó en París en 1925, cuando nació en el seno de una familia judía originaria de Europa del Este.
Fue miembro de la Resistencia con 17 años, estuvo también con los maquis de Auvergne (centro de Francia), dio clases de Filosofía en Berlín después de la guerra y en 1952 entró a formar parte de la revista "Les temps modernes", fundada por Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, y que Lanzmann dirige desde 1986.
El autor de obras cinematográficas como "Pourquoi Israel", "Tsahal" o "Sobibór" no oculta la admiración que siente hacia Sartre, a quien conoció en 1950, y hacia Beauvoir, con la que mantuvo una relación de pareja durante varios años.
"No eran gente solemne; hablábamos de cualquier tema, incluso de nuestra vida privada. Sartre era muy inteligente y, sobre todo, muy generoso. En las reuniones de 'Les temps modernes' existía un calor comunicativo intenso, se salía de ellas con una gran sensación de plenitud", afirmaba Lanzmann.
Gracias a la autora de "El segundo sexo", Lanzmann descubrió España, "en un momento en el que no era correcto políticamente" viajar a este país, porque "había contradicción entre ser de izquierdas y visitar una dictadura", contaba el autor de "La liebre de la Patagonia".
Con Beauvoir admiró "el cielo, el paisaje y el desierto" de España, y descubrió también las corridas de toros, un espectáculo que le gusta especialmente al escritor francés y por eso no entiende que Cataluña las haya prohibido. "Es una vergüenza", aseguró.
La muerte tiene una presencia relevante en sus memorias, y el primer capítulo, por ejemplo, está dedicado a la pena capital y a las diferentes formas de ejecutarla, porque a Lanzmann, contaba, le asustó desde niño "la última mirada de alguien que está a punto de morir".
Destrucción y muerte hay también a raudales en las nueve horas de "Shoah", en las que, sin adornos y sin fondo musical, se recogen los testimonios de víctimas, verdugos y testigos de los campos de exterminio nazis.
En sus memorias dedica varias páginas a comentar "el mejor cuadro del mundo": "Los fusilamientos del 3 de mayo", de Goya, una obra que ve en el Museo del Prado cada vez que viene a Madrid.
Pero Lanzmann insistió en que su libro "no es un repertorio de horrores", sino que "está lleno de vida, de historias de amor, de sexo". Es una obra "divertida" y, dice, en absoluto es "siniestra".
Acompañado, entre otros, por Juliette Simont, la mujer a la que le ha "dictado" sus memorias, Lanzmann explicó que para el título del libro le influyó uno de los dos viajes que ha hecho a la Patagonia argentina, un lugar que "hace soñar" pero que en principio "no es más que un decorado".
Un día, viajando hacia los glaciares, vio salir "de repente una liebre formidable" y sintió como "una explosión". Lanzmann creyó que la Patagonia y él habían "nacido" de nuevo. Aquello dejó de ser un decorado para convertirse en "algo vivo". EFE